ROMANCE DE LA MUERTE DE JUAN LAVALLE (fragmento) / ERNESTO SABATO - EDUARDO FALÚ
Éste es el romance de la muerte de Juan Lavalle.
La historia de la larga retirada,
de un hombre atormentado
por el recuerdo y el infortunio.
Pido a los hombres y mujeres de mi patria
que lo escuchen con respeto.
Federales o Unitarios.
Por que es la historia de un soldado
que cometió graves errores,
pero que luchó con coraje en ciento cinco combates
por la libertad de este continente.
De un hombre,
que como tantos en nuestra tierra,
murió finalmente en la derrota y la tristeza.
Después de muchos años de exilio,
el dos de agosto de 1840
desembarcó en San Pedro,
para combatir contra don Juan Manuel de Rosas.
Extraña campaña aquella,
porque a medida que se adentraba en la provincia
un fantasma se agrandaba ante él:
el fantasma de Dorrego.
Once años atrás lo había fusilado
en los campos de Navarro,
pero el corazón de esas pampas solitarias
y queridas,
y añoradas en el destierro
que ahora volvía a sentir
bajo los cascos de su tordillo.
Once años atrás
y ahora veía como el recuerdo de Dorrego
perduraba en el corazón del paisanaje.
Y como ese recuerdo brotaba en coplas
que declaraban la culpa de Lavalle
y presagiaban su aciago fin.
….
Luego,
cuando las primeras luces del amanecer,
entraron al cuarto,
donde Lavalle velaba pensativo,
el mismo cuarto,
en que once años atrás había firmado
la sentencia de muerte,
dio orden de montar.
Y marchando hacia el norte,
dio comienzo aquel loco peregrinaje
que durará casi dos años,
y que estará marcado por la derrota y la desgracia.
….
Marchan por el camino real,
no por senderos desconocidos,
por el camino real,
y ni siquiera son soldados ya;
son seres derrotados y sucios.
Algunos, muchos,
ya no saben tampoco por qué combaten.
Ciento setenta hombres y una mujer.
Porque también va al lado de Juan Lavalle,
Damasita Boedo,
aquella muchacha que en la ciudad de Salta
decidió unir su destino
al destino de esos derrotados.
….
Pero ahora,
ha corrido tanta sangre por los ríos de América,
ha habido tanta lucha entre hermanos;
ahí mismo, piensa Pedernera,
nos persigue Oribe.
No peleó junto a nosotros
en el ejército de los Andes.
El valeroso Dorrego,
no combatió junto al propio Lavalle
por la libertad de la tierra americana.
Y Damasita Boedo piensa:
- General, querría que inclinases
tu cabeza cansada sobre mí,
como en el pecho de tu madre.
El mundo nada puede contra un niño
que duerme sobre el pecho de su madre.
Mírame, dime que me quieres,
dime que me necesitas.-
Pero Juan Lavalle marcha reconcentrado
en las cavilaciones de un hombre
que se aproxima a la muerte.
Los federales no saben a quién han muerto en la noche,
hay que huir antes de que lo adviertan.
Oribe ha jurado mostrar la cabeza de Lavalle
en la Plaza de la Victoria,
infamada en la punta de una lanza.
Dice el General Pedernera:
Eso nunca ha de suceder, compañeros,
Y entonces,
aquellos ciento setenta hombres
inician su marcha final hacia el exilio.
Hacia el norte galopan los hombres
que han jurado salvar la cabeza de su jefe.
Ciento setenta hombres y una mujer.
….
Ésta es la historia de un caballero
valiente y desgraciado;
La historia de la larga retirada
de un hombre atormentado por el recuerdo
y el infortunio.
El romance del fin y muerte
del General Juan Galo de Lavalle,
descendiente de Pelayo
y Hernán Cortés,
el soldado a quién San Martín llamó
la primer espada del Ejército Libertador.
Peleó en ciento cinco combates
por la libertad de este continente
y murió en la miseria y el desconcierto.
(https://pacoweb.net/Cantatas/Romance.htm)

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