DE LA DESMILITARIZACIÓN A LA PROFESIONALIZACIÓN Un estudio etnográfico sobre la formación básica de la Policía Federal Argentina / Sabina Frederic (Coordinadora)
INTRODUCCIÓN
Ofrecemos en las
páginas que siguen una investigación etnográfica sobre la formación básica de
oficiales y suboficiales de la Policía Federal Argentina (PFA) producida en
2012 a partir de un trabajo de campo realizado en 2011 a solicitud del
Ministerio de Seguridad de la Nación, en el marco de un convenio de asistencia
técnica firmado con la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). El estudio surgió
del interés de las autoridades ministeriales en conocer en profundidad el
estado de situación en materia de formación y capacitación policial, para poder
definir con mayor precisión la implementación de medidas que resultaban de las
orientaciones políticas establecidas por la entonces ministra Nilda Garré al
inicio de su gestión, en 20111 . Esta iniciativa fue un hecho inédito, por
cuanto habilitó la realización del primer estudio con trabajo de campo
etnográfico sobre la Escuela de cadetes, la Escuela de agentes, las comisarías
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los cuerpos de la PFA desarrollado por
investigadores/as formados/as y en formación.
El convenio
suscripto entre el Ministerio y la UNQ incluyó una cláusula de confidencialidad
que impedía divulgar la información obtenida durante determinado lapso. Una vez
cumplido éste, al dar a conocer el desarrollo y los resultados de la
investigación nuestro propósito es múltiple. En primer término, queremos
comunicar el conocimiento producido sobre una de esas realidades, habitualmente
ajenas al conocimiento público, que no obstante constituyen un espacio de
interés mayúsculo puesto que implican la formación de los integrantes de la
fuerza policial federal con mayor número de efectivos de la Argentina. Si bien
con posterioridad a la realización de este estudio y debido en parte a las
recomendaciones allí formuladas se han producido numerosos cambios, esta
descripción ofrece un panorama amplio sobre un estado de situación necesario
para interpelar aproximaciones superficiales o impresionistas. Nos referimos
sobre todo a la incidencia de presupuestos basados en la creencia de que la
identidad policial se forja en las escuelas y por tanto es allí donde deben
focalizarse las reformas; particularmente, a aquellos que al atribuirle una
carga negativa a la identidad policial -como si ésta fuera uniforme y
homogénea- acaban por explicarla por su lastre militarista. Finalmente, remata
esta línea de pensamiento su desgobierno o autonomía, fuente de la corrupción,
el abuso de la fuerza y la impericia policial. Con todo, el desconocimiento
sobre el modo en que efectivamente se practica y se entiende la formación de
esta Policía y la manera en que se articula con las etapas y los espacios del
desempeño no ha hecho más que reforzar tales prejuicios, al punto de
menospreciar o negar la trama de relaciones de la cual la Policía es parte.
En segundo
lugar, queremos dar cuenta con esta publicación del aporte al diseño de
políticas públicas de las investigaciones de carácter etnográfico, es decir, comprometidas
en ofrecer un conocimiento que integre la perspectiva de los actores en la
comprensión de sus modos de vida. En particular, de cómo bajo ciertas
condiciones esta clase de estudios puede contribuir con las orientaciones
particulares e incluso más generales de las políticas de gobierno. Esas
condiciones no sólo contemplan la demanda de las instancias de gobierno
correspondientes, como en este caso, y la confianza en el conocimiento que se
puede aportar. También requieren de un posicionamiento específico de parte de
los investigadores. No es posible realizar estos estudios orientados a ofrecer
una visión que puede no ser, como mostraremos que sucedió en este caso, la que
dominaba el ámbito gubernamental, si los investigadores se encuentran institucionalmente
dentro de la autoridad de intervención. En este caso, el financiamiento fue
integralmente del Ministerio, pero ninguno de los investigadores e
investigadoras dependía funcionalmente de esa cartera, sino de la UNQ. Fue esta
universidad la que realizó el estudio encargado por el Ministerio y fue también
su palabra institucional, y no solo la autoridad de los investigadores, la que
se puso en juego. De esa manera fue posible realizar la contribución desde un
desacoplamiento claro entre quienes buscan conocer y quienes buscan actuar
sobre una determinada institución . Al mismo tiempo, nuestra responsabilidad en
la producción de conocimiento cobraba un renovado valor, al tener plena
conciencia de que el producto de la investigación sería usado para producir
medidas. Así, la relación entre gestión e investigación escapó de la lógica de
la consultoría, donde quien realiza el estudio lo hace en nombre propio. Por
supuesto que ese desacoplamiento no lo garantiza solo el respaldo de la
universidad, pero éste resultó un apoyo que luego se fortaleció durante el
trabajo de campo al exigirnos ingresar cotidianamente al mundo estudiado. La
confianza necesaria para llevarlo a cabo se construía y arriesgaba en cada
conversación, cuando los/as policías buscaban saber nuestra percepción a medida
que avanzaba el trabajo de campo, tanto como cuando realizamos la presentación
de los resultados de la investigación y la discusión a las autoridades
educativas de la Policía. Al asumir el conocimiento etnográfico como una forma
de coproducción nos ubicamos, como sucede siempre, en una relación de
negociación obligada que, por supuesto, no excluyó a las autoridades políticas
del Ministerio. Una consecuencia, como sabemos los etnógrafos, directamente
derivada del interés primordial de conocer el mundo a instancias del punto de
vista de sus actores: oficiales, suboficiales, profesores, regentes,
aspirantes, cadetes, etc
En tercer lugar,
con la difusión de los resultados de este estudio queremos también llamar la
atención sobre la potencialidad de la realización de trabajos de investigación
etnográfico de carácter colectivo. Las experiencias de este tipo contrastan con
la ubicuidad del tipo de investigación tradicional, normalmente solitaria, del
etnógrafo. Esta forma del trabajo resulta en gran medida de la imposibilidad y
las limitaciones de tercerizar el proceso de investigación, una cuestión
extensamente discutida. A diferencia de los investigadores de otras disciplinas
de las Ciencias Sociales, como la Sociología o la Ciencia Política, el
etnógrafo no puede delegar la realización del trabajo de campo en nadie sin
pagar un costo por ello, pues es en el campo donde opera el proceso de
alteridad mediante el cual se interrogan presupuestos y conceptos teóricos, y
se produce el descubrimiento. Por consiguiente, cuando se realizan
investigaciones a través de la formación de equipos reunidos en torno a
proyectos colectivos normalmente cada investigador se ocupa de su tema y
problema, dentro de una temática más general. Contrariamente a ello, en esta
investigación no sólo compartimos el tema general, sino también los problemas
particulares que iba revelando el campo. De las prácticas de transmisión del
mando a las formas de organización del tiempo de estudio, la higiene y el
descanso, pasando por las representaciones sobre las transformaciones
producidas en los métodos de enseñanza, fue una constante la articulación de
las miradas de los integrantes del equipo en torno a las distintas dimensiones
encontradas.
El desarrollo de
esta investigación de autoría colectiva es resultado de un cuidadoso y
minucioso trabajo de articulación del proceso de conocimiento, desde su diseño
hasta su redacción final. Describiremos brevemente todos los pasos
desarrollados en su transcurso, no sólo porque corresponde a cualquier
investigación sino también para ofrecer pistas de cómo lidiar metodológicamente
con esta clase de estudios sin omitir los problemas que conllevan. En
principio, el equipo se conformó con investigadores mujeres y varones que ya
estaban trabajando sobre alguna de las fuerzas policiales argentinas. Todos los
integrantes, incluida la coordinadora, realizaron trabajo de campo intensivo en
las dos escuelas de Policía estudiadas y en las comisarías. La composición del
grupo, integrado por tres varones y cuatro mujeres de entre 28 y 46 años,
matizó las relaciones establecidas con los diferentes estamentos y grupos en
las escuelas y entre los/as policías. Pero en tanto la mayoría de los
integrantes del grupo –cuatro de seis- rondaban los 30 años, esto permitió
alcanzar una mayor conexión con instructores, aspirantes y cadetes.
Simultáneamente, la presencia de dos investigadoras de mayor experiencia y
trayectoria abrió un canal de diálogo con autoridades de mayor jerarquía. Estos
jefes las tomaron como interlocutoras válidas, gracias a lo que expresaron sus
concepciones acerca del funcionamiento de las escuelas y la Policía, e incluso
habilitaron el espacio de los debates sin caer en descalificaciones hacia el
equipo.
En este orden,
es destacable la importancia que tuvo la confección de guías de entrevista y
observación, comunes y flexibles, para dar espacio a la aparición de temas no
contemplados, así como la realización de reuniones de ajuste de éstas. También
se realizaron entrevistas y observaciones donde participaba más de un
investigador y, en esos casos, la confección de las notas de campo resultó
también un trabajo con un/a responsable y otro/a encargado/a de completar o
señalar disidencias que quedaban registradas. El ritmo en la redacción de estos
registros de campo y su lectura por parte del conjunto de los integrantes fue
construyendo progresivamente un conocimiento colectivo fortalecido en cada
etapa de la investigación con los aportes particulares de cada integrante y los
contrastes entre distintas miradas. Estos aportes asociados al campo de cada
una de nuestras investigaciones previas, y a las experiencias y anécdotas
personales vividas durante el trabajo de campo, fueron enriqueciendo la
descripción etnográfica que aquí presentamos.
Dicho esto, nos
detendremos a continuación en el proceso de formulación de preguntas y sus
avatares, derivados del movimiento producido entre las preguntas formuladas por
las autoridades políticas y las que iban produciendo los hallazgos de nuestra
investigación. Así, inicialmente, las preguntas que guiaron el estudio
resultaron de las preocupaciones señaladas por las autoridades del Ministerio
en relación con la calidad educativa, la pretensión de desmilitarizar la
formación, el respeto por los derechos humanos, las representaciones y
relaciones de género. Seguidamente, se tornó más importante la determinación de
la pertinencia de los contenidos enseñados en las escuelas para la intervención
operativa y de los recursos didácticos para la enseñanza del mando, la
disciplina, la autoridad y la jerarquía. En cierto modo, el estudio se propuso
determinar y mostrar cómo las escuelas desarrollaban los objetivos de la
formación profesional de los dos cuerpos, oficiales y agentes, según las
exigencias prácticas, los valores, creencias y símbolos, del desempeño en las
comisarías. El trabajo de campo lo realizamos inicialmente en la Escuela de
cadetes, luego en comisarías y finalmente en la Escuela de agentes. Los
resultados son presentados siguiendo este orden cronológico.
El estudio
realizado sobre la Escuela de cadetes Crio. Gral. Juan Ángel Pirker se
desarrolló en dos etapas. De la primera resultó un informe diagnóstico
preliminar en cuya presentación a las autoridades del Ministerio, en abril de
2011, se desplegaron una serie de consideraciones y nuevas preguntas. A éstas
podemos diferenciarlas entre aquellas que resultaban de cuestiones de interés
para diversas áreas de la gestión por un lado, y de la importancia de contar
con una mayor precisión específica en cuanto al rumbo a imprimir a las medidas
de reforma en el plano educativo de la PFA, por otro lado.
A partir de esas
consideraciones iniciamos la segunda etapa del estudio, luego de convenir en
realizar un segundo informe que describiera exhaustivamente los perfiles de
oficial disponibles, tanto en la Escuela de cadetes como en los ámbitos de
desempeño profesional, particularmente las comisarías. Habiendo identificado en
el primer informe la existencia de una aparente discontinuidad entre las
competencias de egreso de los/as oficiales ayudantes -muchas de ellas, tácitas,
y otras enunciadas- y las aplicadas en el desempeño futuro, determinamos que el
nuevo estudio, además de ampliar la información tendría un segundo objetivo:
éste consistiría en poner en relación los conocimientos teóricos, destrezas y
habilidades en que se forma a los/ as oficiales en la escuela, con los que
aplican desde su egreso en adelante y, al mismo tiempo, relevar trayectorias y
especialidades adquiridas formal o informalmente en comisarías y otras
dependencias de la PFA.
El trabajo de
campo en la escuela Crio. Gral. Juan Ángel Pirker se desarrolló durante tres
meses (entre marzo y junio de 2011). Con el propósito de reunir información
consistente, realizamos observación participante y entrevistas en profundidad
-individuales y grupales-. Los datos presentados son el resultado de haber
observado y conversado con personal de las escuelas, cadetes y aspirantes,
oficiales de distintas jerarquías, comisarios y subcomisarios y suboficiales9 .
Todos estos encuentros tuvieron lugar en la escuela -en el transcurso de clases
teóricas o de campo, en los recreos, momentos libres, reuniones espacialmente
acordadas, actos, etc.- y en los lugares de trabajo -oficinas, aulas, móviles,
patrulleros, vía pública, estadios de fútbol, etc., durante la jornada
laboral-. Durante esos meses también realizamos tareas de campo en comisarías
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, durante un mes observando a los/as
cadetes en las pasantías y durante otros dos meses (mayo y junio de 2011)
enfocándonos en las tareas que realizan los/as oficiales de distintas
jerarquías y funciones en esas dependencias. La frecuencia de nuestra
concurrencia fue de tres veces por semana en la escuela y de dos veces por
semana en las comisarías.
Las tres
comisarías seleccionadas para realizar el trabajo de campo pertenecían a las
zonas centro y sur de la ciudad, los sitios considerados más conflictivos,
aunque con distintos tipos de problemáticas. En una de las comisarías, la villa
y el robo de automóviles eran unas de las fuentes principales de conflicto y
demanda; en otra eran la prostitución de travestis y el arrebato, y en una
tercera lo eran las manifestaciones sociales.
El estudio
etnográfico realizado sobre el curso básico de agentes de la Escuela de
suboficiales y agentes Enrique O’ Gorman se desarrolló de otro modo. Las
razones de esta diferencia residían en que ya contábamos con la experiencia y
el conocimiento derivado del estudio de la Escuela de cadetes y, sobre todo, en
que el curso, que había comenzado en mayo de 2011, estaba atravesando una serie
de cambios recién implementados. Como consecuencia de ello, las autoridades,
los/as instructores/as y los/as docentes lo tomaban como una experiencia
piloto.
El trabajo de
campo sobre el curso básico de agentes dictado por la Escuela O’ Gorman comenzó
en julio de 2011 y abarcó a la escuela y cuatro dependencias policiales: tres
comisarías, una unidad de Bomberos y otra de Comunicaciones, donde pudimos
observar las pasantías. Hasta comienzos de septiembre desarrollamos
observaciones de clases denominadas de aula y de campo, educación física,
defensa personal y tonfa, en la escuela, y una de las ceremonias más
importantes para los/as aspirantes: la imposición de jinetas a los futuros
dragoneantes. Asimismo, realizamos entrevistas a docentes, aspirantes,
autoridades de la escuela, instructores oficiales y suboficiales, y mantuvimos
numerosas conversaciones. A partir de la segunda semana de septiembre y por un
lapso de 15 días, nuestro trabajo de campo se desplazó hacia las comisarías y
los destacamentos para el caso de Bomberos y Comunicaciones, donde los/as
aspirantes realizan sus pasantías. Esta actividad fue observada en las mismas
comisarías donde habíamos desarrollado nuestra investigación para el estudio
sobre formación y desempeño de oficiales. En esta ocasión, conversamos con
los/as aspirantes y el personal de suboficiales encargado de asignar tareas
específicas a los/as pasantes y orientarlos/as.
Hemos incluido
también el análisis de documentos, particularmente de aquellos que eran de
referencia, consulta, producción y uso entre alumnos/as de las escuelas. Estos
son: el Manual del cadete, el Manual de capacitación (publicado por la
editorial policial), reglamentos producidos por la PFA sobre uso de armas de
fuego y las normas de funcionamiento interno que conforman los regímenes
disciplinarios de las escuelas. Es importante destacar la excelente disposición
y amplia colaboración de las autoridades de las dos escuelas. Ello nos permitió
acceder a todos los documentos solicitados, así como conversar y entrevistar a
quienes requerimos hacerlo, todo lo cual facilitó la realización del trabajo de
campo intensivo con permanencia diaria en los institutos, en todos los
horarios, con excepción de la noche y el fin de semana. Lo mismo podemos decir
de las autoridades de las comisarías, que nos facilitaron solícitamente la
participación en las distintas tareas que supone el trabajo en esas
dependencias tanto adentro como en la vía pública.
Sin embargo,
esta disposición, derivada en parte de una orden dada por los funcionarios, no
fue uniforme. El proceso de inmersión en el campo provocó reacciones disímiles
personales y no institucionales, que variaron del intento inicial por tabular
nuestro ingreso a habilitar la observación y conversación que solicitamos. Así
y todo, concluyeron en la apertura a que miráramos y participáramos de lo que
quisiéramos. Si bien un ingrediente de ese proceso fue la desconfianza y la
incertidumbre en torno a los resultados y las consecuencias de nuestro trabajo
sobre su formación, se generó un vínculo donde el diálogo y el debate en busca
de la comprensión de para qué y por qué hacen lo que hacen resultó central.
Esto habilitó un canal complementario al que las autoridades del Ministerio
mantenían para la toma de decisiones en un contexto que propiciaba cambios
acelerados. Prueba de ello fue la discusión de los informes producidos por el
equipo con autoridades e instructores policiales de las dos escuelas
ANTECEDENTES Y MIRADAS SOBRE LA FORMACIÓN DEL PERSONAL DE FUERZAS ARMADAS Y DE SEGURIDAD
En nuestro país,
las investigaciones sobre las fuerzas policiales y de seguridad tomaron impulso
recién con la finalización del siglo XX. Anteriormente, abordajes procedentes
de diversas disciplinas científicas, como las ciencias políticas, la criminología,
la sociología y la antropología, se ocuparon de analizar la actuación de las
fuerzas de seguridad desde la denuncia o la evaluación crítica, sin acceso a la
observación y la conversación con los/as agentes que las integraban. Desde hace
menos de una década comenzaron a conocerse estudios empíricos, de carácter más
descriptivo y analítico que ensayístico o propositivo, que ofrecen conocimiento
sobre aspectos y planos de la organización y funcionamiento de esas
instituciones y sus agentes hasta entonces signados por el desconocimiento y un
sinnúmero de presupuestos.
Los antecedentes
más próximos a nuestra investigación centraron la mirada sobre la formación de
policías y militares. Entre estos trabajos se destacan las únicas etnografías
publicadas hasta el momento sobre agentes e instituciones de la seguridad y de
la defensa. La primera de ellas, de la antropóloga Mariana Sirimarco, es sobre
la PFA y la Policía de la provincia de Buenos Aires (PPBA), y la segunda, del
antropólogo Máximo Badaró, estudia al Colegio Militar de la Nación (CMN).
Sirimarco desarrolló su trabajo sobre el proceso de formación de agentes
policiales de la PFA y de liceístas y cadetes de la PPBA. Por su parte, Badaró
analizó el proceso de socialización inicial de oficiales en el CMN.
Existen
semejanzas entre las visiones de estos autores, cuyos estudios enfatizan el
proceso de incorporación institucional que producen estas academias. Enfocan la
mirada en los dispositivos con los que cuentan las fuentes de autoridad
institucional para que la pertenencia a la institución se inscriba íntimamente
en los/as agentes que atraviesan ese proceso. Ambos trabajos muestran de qué
forma la institución moviliza una serie de dispositivos y tecnologías
tendientes a producir en ellos sus cuerpos, sus voluntades y sus maneras de
percibir y gestionar la realidad, formas y valores afines a aquellos requeridos
por las fuerzas que integrarán. En esta perspectiva, el disciplinamiento de
los/as aspirantes y cadetes se produce de acuerdo con las necesidades y
tradiciones institucionales a instancias de una suerte de ritual de iniciación
donde se abandona la condición de civil para adquirir la de policía o militar,
según el caso
En esta
investigación colectiva, basada en un trabajo de campo etnográfico intensivo,
incorporamos otras dimensiones de análisis para dar cuenta de aspectos menos
analizados en aquellos estudios, los que sin embargo tomamos como referencia
ineludible. Como mencionamos, nuestra investigación se orientó con los
requerimientos y preguntas planteados por la gestión iniciada en 2010 en el
Ministerio de Seguridad acerca de la formación básica de la PFA. En ese
sentido, cobró importancia el análisis de la relación entre formación y
desempeño de los/as policías, que permite poner en perspectiva los estudios
antecedentes que señalamos, más centrados en mostrar la alteración -o desvío-
que la formación introduciría en los futuros policías y militares acerca de
cierto sentido de la ciudadanía. Sin duda, un aspecto clave en el análisis de
estas instituciones estatales es la tensión entre la condición de igualdad y
libertad atribuida apriorísticamente al concepto de ciudadano civil y el hecho
de que estas instituciones buscan transmitir un sentido de la jerarquía y de la
autoridad.
Entre las
dimensiones de los procesos formativos sobre las que pretendemos echar luz
identificamos situaciones en las que la división tajante entre civiles y
policías se reproducía y otras en las que estas categorías se fusionaban en
límites no tan diáfanos y precisos como se suponía. A modo de ejemplo, podemos
mencionar la valoración creciente entre los/as policías de las titulaciones
universitarias acreditadas por el sistema educativo nacional. Asimismo, damos
cuenta de las transformaciones recientes -y de su relevancia- en las
instituciones educativas de la PFA, a saber: la eliminación de las manijas en
2007; la reducción del tiempo de internación de cadetes o la formación por
competencias entre los/as agentes.
Finalmente, nos
interesa orientar la lectura de esta descripción que ofrecemos hacia el hecho
de que ciertos procesos formativos y de socialización registrados en la policía
son análogos a los que se producen en campos supuestamente distantes como, por
ejemplo, el de la ciencia. Tal como señala Fredrik Barth, vemos que
…los
estudios modernos de sociología de la ciencia dieron un importante paso
adelante al llamar la atención sobre las diferentes maneras por las cuales el
conocimiento profesional es controlado y sancionado. Esas cuestiones se
refieren a los diferentes modos de concebir el conocimiento (…): como
propiedad, riqueza, poder, precondición para la pertenencia a un determinado
grupo, o como prerrequisito técnico para emprender acciones efectivas… (2000:148)13.
Si bien en la
investigación científica los saberes parecen encontrarse definidos de manera
más teórica y abstracta, y en el de las fuerzas policiales éstos serían más
prácticos, en ambos casos el contenido, el tipo de valoración y los modos de
adquisición contribuyen a definir la pertenencia a los grupos. Así, aquello que
pudimos ver es que en la formación policial básica el sentido más abstracto de
la ciudadanía se traduce en sentidos particulares de la pertenencia social y la
aplicación de conocimientos profesionales que remiten al espíritu de cuerpo.
En tal sentido,
es interesante subrayar la perspectiva ofrecida por Dominique Monjardet (2011)
al referirse a la conformación del carácter moral del espíritu de cuerpo de las
unidades urbanas en la Policía nacional de Francia, donde indica que los
mecanismos que lo sostienen trascienden el espacio formativo y son propios de
los ámbitos laborales: “Si hay un
carácter colectivo dominante es en primer lugar porque la organización misma lo
prescribe: con muy raras excepciones, es el trabajo mismo el que es colectivo”
(Monjardet, 2011:62). Más adelante agrega que una serie de ejercicios de
transmisión de reglas sobre el trabajo es lo que permite sostener la
estabilidad y la cohesión del grupo, y que esto es visible en algunas tareas.
Esas reglas incluyen en primer término la distribución de la carga de trabajo
entre cada patrulla, dependencia y entre sus miembros, regulación atravesada
por las instrucciones jerárquicas, la demanda del público, las fluctuaciones, etc.;
combinadas, estas cuestiones determinan la búsqueda colectiva de una adecuación
a una norma común de jornada de trabajo normal. En segundo término, las reglas
abarcan los comportamientos individuales, tanto los que serán reconocidos y
sancionados positivamente como los que se identifican como apartados de las
normas. Tomando estudios de la Sociología del Trabajo, Monjardet indica las
tres reglas básicas de comportamiento: no
exagerar, no escurrir el bulto en detrimento de sus colegas, no llamar la atención
de la jerarquía sobre el grupo (2011:66). Muestra también una tabla de
preguntas que realizó entre policías novatos sobre qué consideraban lo más
importante del oficio, y que les volvió a administrar años más tarde, y señala
que pasan de querer “hacer un trabajo interesante” a “poder contar con los
colegas” como lo más importante. En tercer término, la regulación interna y la
formación (formas de valoración de las cualidades personales -antigüedad,
formación, experiencia laboral en otros cuerpos, etc.-)
La preocupación
de la gestión ministerial, al momento de realizar esta investigación, por
promover en estas instituciones no sólo el respeto por los derechos humanos de
los/as agentes policiales y de la comunidad sino también la profesionalización
policial nos lleva a la segunda dimensión apuntada por Barth en la cita antes
señalada. También intentamos responder a la pregunta de cómo la incorporación
institucional producida durante esa fase, sobre todo entre los/as cadetes,
responde a la idea de la valoración del conocimiento como requisito técnico
para emprender acciones efectivas. Es por esto que incorporamos a la
descripción y al análisis otros espacios institucionales de formación, las
prácticas profesionalizantes o pasantías que se desarrollan en distintas
dependencias de la PFA, fundamentalmente en las comisarías. Esta ampliación del
registro de análisis nos dejó conocer en profundidad las lógicas de transmisión
de conocimiento que se presentan en esos ámbitos, y dar cuenta de una
multiplicidad de formas en que los saberes y los modos de hacer policiales se
transmiten e incorporan a lo largo de la formación y durante la carrera.
Como se verá, la
descripción busca dar cuenta no sólo del tipo de conocimiento transmitido sino
de las distintas variantes de la transmisión registradas en la PFA
considerando:
1) la adecuación
o pertinencia entre tipos de saberes y las formas de transmisión de éstos;
2) las
condiciones en las que las distintas formas de conocimiento se esgrimen y
legitiman en la PFA, y cómo diferencian o imbrican espacios educativos y
laborales; y
3) los modos de
administrar el conocimiento en cada uno de los ámbitos en que desarrollamos
nuestra investigación.
Nuestra
descripción también interroga la asociación entre la adquisición de técnicas y
disciplinas corporales y la pérdida de autonomía de conciencia, un tema que sin
duda roza la pregunta de cuáles son los sentidos del espíritu de cuerpo
forjados durante la formación y en qué medida éstos alteran el concepto de
ciudadanía vigente. Es que un aspecto central del sentido más normativo de la
ciudadanía es la autonomía del individuo o persona en su capacidad de definir
intereses y, por consiguiente, la no sumisión a la coerción de ningún agente o
grupo. En este sentido, nos interesa subrayar los aportes del estudio de Iván
Galvani (2009) al respecto, cuando compara la adquisición de técnicas
corporales en el deporte o en el arte (teatro, danza, etc.) con las
transmitidas en la formación policial básica, que también requieren de la
repetición de movimientos y de la imitación hasta que se internalizan. Es la
seguridad en la realización de estos movimientos lo que permitiría tomar
decisiones en el momento en que se las requiera. La aplicación y ejecución de
una técnica corporal para un fin determinado requieren de un nivel de
incorporación y automatización tal que no haya que pensar en los movimientos
del cuerpo al necesitar realizarlos. Esto no implica que no haya (y que no sean
necesarias) instancias de reflexión. Por un lado, éstas pueden estar cuando la
técnica se está aprendiendo. Por otro lado, el dominio mismo de la técnica
habilita instancias de pensamiento y reflexión que serían difícilmente posibles
si no se contara con ello. Por lo tanto, el aprendizaje responsable y crítico
de una técnica corporal no implica oponer reflexividad a irreflexividad o
conciencia a inconciencia, sino más precisamente tener en cuenta en qué
instancias es necesario un aspecto u otro.
Finalmente,
relevamos algunas cuestiones vinculadas a las relaciones de género y la
integración de mujeres a las escuelas de formación de la PFA. En el desarrollo
del trabajo podrá notarse que esa incorporación es uno de los temas importantes
para directivos e instructores en la historización de cada institución. En ese
sentido, el presente estudio entra en diálogo con las investigaciones de
Geneviève Pruvost sobre la Policía de Francia. Pruvost intenta dilucidar si los
sistemas de evaluación y los requisitos de ingreso marcan un reclutamiento
femenino distinguido o un alistamiento de las mujeres a las performances
masculinas. Este debate lleva a la tensión entre la complementariedad y la
igualdad de los sexos en el ejercicio de la labor policial. Además, señala la
importancia de ver cómo la feminización de estas fuerzas supone la
controversial legitimación del uso de la fuerza pública por parte de mujeres.
En otra
investigación sobre las etapas de ingreso a instituciones policiales, Susana
Durão entiende esa tensión como la convivencia de dos tipos de lógicas. La
primera se sostiene en prácticas y representaciones discriminatorias para las
mujeres (como las pruebas físicas asociadas al rendimiento masculino que, en
efecto, son superadas por sólo un 15% de las mujeres frente a un 80% de los
varones que se presentan), y la segunda, en las dinámicas intersticiales que
incluyen negociaciones, solidaridad socio-profesional y mecanismos de
integración que les permiten a las mujeres aliviar las cargas y preparar el
terreno para el futuro profesional. Esto no sólo introduce la posibilidad de
apoyar carreras profesionales de las mujeres en elementos que resultan
novedosos sino también pensar, para la autora, en perspectivas de cambios
organizacionales de la Policía portuguesa.
Si en estos
trabajos se privilegiaron enfoques organizacionales que muestran las
concepciones más institucionales, podemos decir que la bibliografía sobre
fuerzas policiales y militares en la Argentina prestó más atención al estudio
de las subjetividades. Mariana Sirimarco sostiene en el suyo que la
masculinidad es un patrón de actuación en los contextos educativos que está
disociado del sexo, de modo que varones y mujeres se posicionan en un registro
construido y naturalizado de la masculinidad que los/as estructura y se marca
en sus cuerpos. En esta argumentación, la identidad alentada desde la
institución es netamente masculina, y la intención de las personas por
insertarse en la estructura de poder exigiría una actuación masculina. El lugar
tan importante que en ese análisis adquieren los discursos (especialmente metafóricos)
aparece puesto en diálogo con otro tipo de enunciaciones, documentos normativos
y relaciones interpersonales en la etnografía de Máximo Badaró. Con ese
material distingue la fuerte identidad masculina (pura y socialmente no
contaminada), promovida por la institución, de las significaciones que aparecen
en las interacciones entre cadetes. Por otra parte, afirma que la incorporación
de mujeres al Ejército -en la última década- produjo dos procesos simultáneos:
una transformación en las relaciones de género que las convirtió en un campo de
debates y su convivencia con la intención de utilizar la imagen positiva que
las mujeres generan hacia la sociedad para evitar una modificación sustantiva
de la institución.
Con respecto a
las relaciones de género, nuestra descripción se ocupó especialmente del
ordenamiento normativo, buscando la existencia de reglas que significaran
ventajas o desventajas de género en el proceso de formación. En este aspecto,
también prestamos atención a posibles divisiones del trabajo que se encontraran
definidas por criterios sexuales. Para comprender las normas institucionales en
su dimensión de género no dejamos afuera las interpretaciones que cadetes,
directivos, instructores, docentes y policías en actividad hacen de aquéllas.
Y, por último, avanzamos en la descripción de algunos símbolos y significados
de género que tienen incidencia en la organización actual de las escuelas, el
formato del dictado de clases teóricas e instrucción de campo y la convivencia
en general, sobre todo en instancias de régimen de internado.
Sin lugar a
dudas, un aspecto central del análisis surge de la proporción sumamente baja de
mujeres que habían sido incorporadas en la PFA hasta la realización de nuestra
investigación. La política del Ministerio de Seguridad previó ampliar de manera
significativa, a partir de 2012, la proporción de mujeres que ingresan a los
dos estamentos (oficiales y suboficiales). De tal suerte que, en un plazo muy
breve, el escenario del desempeño profesional deberá adecuarse a la serie de
transformaciones que estos procesos han introducido en las instituciones
armadas.
Finalmente, cabe
señalar como antecedente del estudio que aquí presentamos algunos de los
artículos aparecidos en Cuadernos de Seguridad, revista editada por la ex
Secretaría de Seguridad de la Nación desde 2006 hasta la creación del
Ministerio de Seguridad, organismo que se ocupó de darle continuidad a la
publicación al menos hasta 2015. En dicha publicación se pueden encontrar
artículos que analizan y comparan procesos de reforma o modernización de la
formación policial en el ámbito nacional y en provincias como Misiones,
Corrientes, Salta, Buenos Aires, entre otras, y el rol del Programa Nacional de
Capacitación y Apoyo a la Formación y Actualización Profesional de Cuerpos
Policiales y Fuerzas de Seguridad (Pronacap) en el desarrollo de criterios
federales de fortalecimiento de la educación policial en todos los niveles.
Esos trabajos oscilan entre ponderar las reformas llevadas adelante y resaltar
las dificultades y resistencias halladas en el proceso de implementación de las
medidas. En cualquier caso, aluden a la dimensión de las políticas educativas
en materia policial
De todas ellas
nos interesa destacar el estudio realizado con financiamiento del PNUD y
publicado en la colección de Cuadernos de Seguridad denominada “Investigación y
análisis 1”. Allí se puede apreciar un ejercicio de reflexión teórica con
algunos datos empíricos mediante los cuales los especialistas buscan determinar
qué tan distintos son los recursos pedagógicos propios de la instrucción
policial respecto de los que se aplican en otros campos profesionales y en qué
medida chocan con el ejercicio de la reflexión y la autonomía de conciencia
exigida por las políticas de ciudadanización de la condición de policía. Sin
lugar a dudas, esta reflexión es central a la hora de introducir medidas de
reforma sobre estos establecimientos educativos de cara tanto a la preservación
de un sentido de la ciudadanía como al mejor desempeño profesional y a la
protección de la vida, propia y ajena
A media década
de finalizada la investigación que dio origen a esta publicación, el lector se
encontrará con una descripción analítica que cubre un vacío en el conocimiento
disponible sobre la malla articulada de aspectos que hacen a la formación
policial y su relación con el desempeño profesional. Los cambios que se han
registrado desde la finalización de nuestro trabajo de campo a esta parte
-sujetos a avatares políticos de mayor o menor perdurabilidad- no han hecho
sino montarse sobre los procesos y estructuras que aquí se describen rigurosa y
exhaustivamente. La vigencia de este análisis reside pues en su contribución
para mostrar cómo funcionan y cuáles son los desafíos de cualquier reforma que
no considere la fortaleza de la trama descripta.
CONSIDERACIONES FINALES
Como hemos
señalado, el estudio sobre el curso básico de agentes fue realizado en
circunstancias en las que éste era objeto de una amplia revisión y
reorientación por parte de las autoridades del instituto. En ese contexto, la
reflexión y la discusión que les permitieron realizar las modificaciones al
curso según el enfoque curricular basado en la definición de un perfil por
competencias posibilitó la conversación y el intercambio abierto entre los
miembros de nuestro equipo de investigación y el personal de instructores
policiales oficiales y suboficiales. Debido a ello, y al tratarse de un proceso
en marcha y en etapa de evaluación por las propias autoridades, señalamos la
conveniencia de acompañarlo en todas sus instancias. Para esto consideramos
importante fortalecer la supervisión y el seguimiento del proceso, habilitando
recursos para su monitoreo y corrección, definiendo indicadores para determinar
su grado de adecuación con los objetivos previstos, particularmente los saberes
que serán aprendidos y su pertinencia respecto de las exigencias del desempeño
en los destinos de la PFA.
En términos
particulares, las sugerencias realizadas a las autoridades policiales y del
Ministerio de Seguridad sobre el curso básico de formación de agentes que
resultaron de la descripción analítica desarrollada en las páginas precedentes
se sintetizaron los siguientes ocho puntos.
1. Se
planteó que para sostener la orientación del curso de agentes y el mejoramiento
progresivo de la calidad de su formación básica es imprescindible evitar la
presión institucional orientada a sacar agentes rápidamente a la calle que
suele recaer sobre el curso acortando su duración y/o acelerando los tiempos
que demanda todo proceso de enseñanza y aprendizaje.
2. Se sugirió considerar entre las competencias
de enseñanza la inclusión de contenidos que reflejen el modo en que la Policía
se enmarca en el conjunto de las instituciones del Estado e incluir, además, un
enfoque sobre las condiciones históricas y sociales de la emergencia de
conflictos en la sociedad contemporánea.
3. Se
recomendó incluir, en el futuro, espacios donde problematizar los estereotipos
sociales que cubren a los jóvenes con la sospecha de ser potenciales
delincuentes; estos patrones socialmente disponibles eran sostenidos al
interior de la escuela y definían con frecuencia el trato hacia los jóvenes de
parte de los/as policías, si bien se observaba un énfasis en el aprendizaje del
trato amable y cordial al ciudadano.
4. Siguiendo
el principio que orientaba la articulación y la integración vertical a través
de las competencias del aula y el campo, así como de las clases de instrucción
policial reflejada en el Plan de Educación Mensual (PEM), se recomendó
introducir un tipo de integración horizontal entre enfoques de profesores que
dictasen las mismas asignaturas teóricas o asignaturas del mismo tema.
5. Se
recomendó revisar los descuentos, la dotación de elementos de trabajo y estudio
realizados a los aspirantes de la escuela, y el régimen de inclusión de los
familiares a cargo en la asistencia médica.
6. Se
sugirió considerar el dictado de un curso regular de instructores para
suboficiales, o bien que el curso dictado por la Escuela de cadetes incluya la
especificidad de la formación de ambos cuerpos.
7. Se
recomendó incluir, para las futuras cohortes de aspirantes, la realización de
pasantías en los cuerpos de la PFA y no sólo en las comisarías. Asimismo, se
sugirió reforzar la supervisión académica de los aspirantes en los lugares
donde se realizan las mismas y jerarquizar a los suboficiales que ofician de
tutores.
8. A
efectos de mejorar el reclutamiento, se señaló la importancia de difundir más
adecuadamente las características del curso en la página web institucional de
la escuela de suboficiales y agentes, incluyendo las competencias establecidas.

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